Perfume y su poder evocador

A lo largo de la historia, los perfumes han estado dotados de un halo misterioso. Su tremendo poder evocador y sus efectos demoledores en las emociones lo han convertido en un enigmático objeto de deseo. Su olor puede pasar tan inadvertido a nuestro olfato que a veces no somos conscientes de su huella.

En otras ocasiones, su impronta es tan evidente y poderosa que puede provocar rechazo o alterar nuestro comportamiento. Si las fragancias del clásico Chanel número 5 o Eau de Rochas continúan gustando hoy en día, es probable que las modernas esencias como Baby Doll, de Yves Saint Laurent o Xcentric, de Dunhill, puedan seguir embriagando a muchas jóvenes y adolescentes dentro de veinte o treinta años.

¿Por qué atraen tanto algunos aromas? ¿Por qué afectan a los sentidos? Para conocer el secreto de su poderoso influjo tenemos que recurrir a los mecanismos fisiológicos del olfato, un proceso que comienza en la pituitaria y el bulbo olfativo. Una vez captados por la nariz, los olores recalan en el llamado sistema límbico, la parte más arcaica de nuestro cerebro, la que dirige nuestra vida afectiva y sexual.

Michael Stoddart, catedrático de Biología Olfativa de la Universidad de Tasmania y autor del libro “El mono perfumado”, asegura que las mejores esencias contienen componentes erógenos y aromas urinarios, fecales o animales que pueden llegar a disparar nuestra libido de forma inconsciente. “Por esta razón el almizcle natural, con su rasgo de producto urinario y amoniacal, es mucho más aceptado en un perfume que su variante sintética”, señala este investigador británico.

Más información en: agencianova.com


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